El último sacramento

Otro domingo crudo más donde Martín es despertado con la voz de su mamá gritándole “Bajen rápido, tenemos que llegar temprano a misa”. Martín se levanta de su cama y va al armario, se acuerda que ir a la iglesia con pantaloneta es una falta de respeto para Dios; se pone el short más pequeño tiene. Mientras se peina el cabello y se mira fijamente en el espejo, maldice con voz callada su vida y recuerda lo tormentoso que es ir a misa todos los domingos. Antes de salir de su cuarto, se pone una camiseta negra y deja los auriculares en la cama.

 

 Mierda! ¿Cuándo será el bendito día donde lleguemos temprano a la iglesia? – Regañaba su madre en el auto, mientras su padre se quedaba mudo.

 

Martín, en el asiento trasero solo se arrepentía de haber dejado los auriculares en la cama. Se sabía el trayecto a la iglesia de memoria, primero pasaban el semáforo donde un viejo ciego mendigaba para poder comer; luego cruzaban un barrio donde los de perros estaban esqueléticos y los niños no se veían más alimentados. y al final llegaban al estacionamiento que siempre estaba repleto de carros lujosos. 

 

Al bajarse del coche, estaba ahí la misma joven de siempre, que debe tener la edad Martín y siempre carga un bebé en brazos y otro en su panza, a veces los católicos le daban unas monedas, otros la veían con pena y otros con repugnancia. Ese día, la joven le sonrió a Martín, él impresionado no entendió el mensaje, pero supo que algo extraño iba a pasar.

 

-Hijo, sabes que para tu mamá y yo, Dios es lo más importante en la vida. Por favor, intenta no dormirte y poner buena cara – Le dijo su padre. Martín respondió con las dos palabras que usaba todos los domingos – Listo, padre-.

 

Martín había asistido a misa todos los domingos de su miserable vida, sin embargo, no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Lo único que sabía era cuando dormirse, en la parte que más odiaba, cuando el cura hablaba. 

 

Ese día decidió hacerle caso a su padre y se quedo con los ojos abiertos mirando su alrededor. No entendía cómo los artistas y artesanos decoraron ese lugar para transmitir paz y miedo. Empezó a analizar cuadro por cuadro, escultura por escultura y santo por santo. Todo le parecía lo mismo hasta que vio la cruz y siento que Jesús crucificado revivía de nuevo para transmitirle un mensaje.

 

Todo duró un parpadeo. Martín se encontraba en la cima de una montaña de escombros, debajo suyo estaban los ladrillos de la iglesia, los cuadros grises, las esculturas rotas, la cruz, Jesús y Dios. Se preocupó por sus padres, y empezó a buscar por los escombros, nunca había sentido tal adrenalina, finalmenteencontró a su papá y mamá aplastados por el mismo Jesucristo crucificado que le había transmitido un mensaje; sintió un vació en el corazón y llorando se sintió solo. 

 

Mirando al piso, escaló los escombros y llegó a la cima de nuevo. Estuvo mucho tiempo sin pensar nada, finalmente, alzó la mirada y observó el cielo. Luego de la ceguera del sol vio las nubes y se dio cuenta que al fin no tenía que asistir a misa todos lo domingos, al fin era libre y podía ser quien ha querido ser, decir lo que siente, creer en lo que siente y piensa; creyó que tendría la vida que siempre ha deseado. Incluso pensó que la sociedad comenzaría a ser más justa, que el viejo ciego pudiera conseguir trabajo, que los perros y niños de aquel barrio pudieran ser bien alimentados y que la joven del estacionamiento tuviera el derecho completo de su cuerpo y a abortar, y que sus hijos tuvieran la oportunidad de tener una mejor vida. Creyó que su sueño dejaría de ser utópico y se convertiría en su realidad.

 

Hasta que bajó la mirada y observó que su realidad no había cambiado y sus sueños seguían siendo utópicos. Aunque sus padres estuvieran muertos, sabía que afuera iba a haber alguien más que lo obligara a ir a misa, que seguía sabiendo volar pero tenía las alas atadas, que la sociedad seguía siendo injusta como siempre. Se dio cuenta que su vida, ahora, solo era una iglesia en ruinas.

Normalmente mis escritos que publico son aquellos de mi yo del pasado. Me gusta hacer público mi trabajo que expresa sentimientos o pensamientos que son, nada más que información en mi memoria, recuerdos que me ayudan a reflexionar.

⠀⠀

PD: La prosa no es lo mío.

 

El miope sin lentes

El miope

observa detalladamente

la realidad que puede tocar.

Sin ningún problema y sin lentes.

El miope

reconoce inmediatamente

a los suyos, a los de confiar.

Sin ninguna duda y sin lentes.

⠀⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ Por último.

El miope

une los párpados

y en la oscuridad

ve a sus amados.

Con lentes y con nostalgia.

El miope sin lentes

El miope

observa detalladamente

la realidad que puede tocar.

Sin ningún problema y sin lentes.

El miope

reconoce inmediatamente

a los suyos, a los de confiar.

Sin ninguna duda y sin lentes.

⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀⠀ Por último.

El miope

une los párpados

y en la oscuridad

ve a sus amados.

Con lentes y con nostalgia.

Lo siento

Lo siento.

No sé si el pasado causa el miedo

o si el miedo es quien talla el pasado.

Por eso mis heridas cardiacas

te dicen “te amaría” cuando te amo.

Lo siento.

Mi corazón es acrofóbico

desde que se cayó del árbol

más alto del mundo. Y sabe bien

que contigo puede estar más alto

y más facundo. Quizás por eso

cuando te veo, mudo, late tanto.

Lo siento.

Ya me olvidé el objetivo de este

poema. Y me siento como un canto

sin letra, como la flor que con sol

en primavera, por el espanto

de ser tan bella, nunca floreció.

Lo siento.

No quería escribirte esta expresión

bipalabra tan cobarde y vacía.

Pues por ti siento una expresión más linda

que empieza con “te” y termina en “amo”

La despedida

Ese sentimiento

que te abre las venas

y crea un agujero en el corazón,

es tan

triste,

intenso,

amoroso,

hermoso,

tan humano.

Ese sentimiento

que despierta las hormigas

y las hace caminar por tu cerebro,

es tan

triste,

intenso,

amoroso,

hermoso,

tan humano.

Ese sentimiento

que te hidrata tanto

y hace llover a los aeropuertos

es tan

triste,

intenso,

amoroso,

hermoso,

tan humano.